¿Cómo aprendí a quererme?

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Todo comenzó mucho antes de que me diera cuenta, mucho antes de que incluso naciera.

Estando en la barriga de mi madre todos les decían que iba a ser niño, sí niño por la forma de la barriga y bueno eso antiguamente era como muy evidente.

Y hasta llegué a tener nombre de niño.

Mi infancia ni tan mal, pase bulliyng se metían conmigo por ser diferente, por jugar al fútbol, incluso por no hacer lo que se suponía que tenían que hacer las niñas. Pero como les decía, ni tan mal, siempre he visto y me he quedado con lo buenos de las cosas. Inconscientemente me estaba haciendo ser fuerte de alguna manera.

Para protegerme, o sea para no sentirme atacado por la sociedad opté por estar en ese rol, ese rol de mujer que debía ser y a lo largo de mi vida debía ser lo que la sociedad había estipulado o por lo menos, eso es lo que me metí en la cabeza por la gran falta de información que llevaba dentro.

Llegué a pensar que era como mi obligación sentirme así, en consecuencia generé en mí unas creencias que repercutían una gran desconexión conmigo mismo. Me daba miedo tan solo escucharme porque sabía que me tenía que enfrentar algo diferente, algo que todavía sigue sin verse como lo que es.

No quería ser consciente de lo que realmente sentía dentro porque me daba miedo e inseguridad exponerme a los demás y mucho menos me atrevía a aceptarme. Vivía de fuera hacia dentro creyendo que ese vacío existencial me lo podría llenar lo externo. Por desgracia o por suerte, quien sabe en ese momento mis miedos y mis inseguridades regían en mayor medida lo que pudieran pensar los demás que lo que realmente pudiera pensar de mí mismo.

Con el tiempo y gracias al tiempo, empecé a darme cuenta que esas cosas tan solo eran mis propios prejuicios de mis inseguridades, a través de mi inconsciencia.

Cuando me vi capaz de ser consciente, me acepté, sí me acepté pese a los miedos e inseguridades la diferencia es que me estaba empezando a querer por mí mismo, sin pensar que los demás me iban a dar de comer.

Ahí fue cuando de verdad me creí que podía ser mejor de lo que me había hecho creer. Eso sí, tuve que tirar abajo todas mis creencias que me limitaban para dejar paso a mis creencias reales, mis propias creencias.

A través de desaprender todos esos pensamientos que no me llevaban a ninguna parte tuve el coraje de ser consciente que necesitaba escucharme para poder aceptar lo que realmente sentía.

A partir de ahí y justo ahí, entendí que solo me dejaría escuchar en el momento que estaba dispuesto a enfrentarme con mis propios pensamientos más internos.

Y para ello, debí hacerme preguntas, no desde la culpa innecesaria, sino desde la observación.

Aprender a identificar mis emociones, principalmente me ha hecho sentir paz, paz conmigo mismo y no buscar nada fuera que no dependa de mí.

Gracias a mi familia, gracias a mi coraje, gracias a mi propio ser empecé a observarme sin filtros porque estaba reinventando mi forma de mirarme.

Y desde aquí, desde aquí les digo que no es una tarea fácil. Es una tarea que debemos trabajar desde dentro de nosotros mismos para llegar donde antes no nos hemos atrevido a entrar…en nuestras posibilidades infinitas.

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